Coca-Cola, famosa por sus anuncios de enaltecimiento del espíritu confraternizador del ser humano bien refrescado, está rompiendo moldes con su última campaña. En esta ocasión, la firma ha optado por poner en circulación una campaña publicitaria en código abierto que, gracias a confiar en que el mayor genio creativo se encuentra fuera de la corporación, está posibilitando, esta vez sí, un verdadero hermanamiento entre todos aquellos que tengan a bien aglutinarse en torno a una causa común sobre la que protestar (y 2, 3, 4, 5...), aunque ésta tenga como destino la propia Coca-Cola:
Claro que, puestos a someter a la compañía a un ejercicio de sinceridad, no está demás comentar que el anuncio original también exhibe una demagogia de lo más sincera, principalmente en la frase que afirma que por cada arma que se vende en el mundo se beben 20.000 Coca-Colas, de especial mal gusto, no ya porque la "felicidad" de 20.000 personas con una lata en la mano no compense el daño que pueda hacer una sóla arma vendida, que también, sino por la sugerencia de mirar para otro lado sirviéndose, además, de un motivo tan gilipollesco que lo hace todavía más insultante.


































