martes, diciembre 14, 2010

"COLLAPSE", Chris Smith

Michael Ruppert tiene a sus espaldas una destacada carrera como miembro del departamento de narcóticos de la policía de Los Angeles, interrumpida allá por 1976 cuando la CIA se cruzó en su camino con motivo de una posible trama de corrupción que, de paso, le dejó sin novia. Su negativa a participar en la investigación de un turbio asunto de drogas que él creía aislado le llevó, por una mera cuestión de supervivencia debido a la persecución de la que empezó a ser objeto, a dedicarse a escribir cartas a congresistas y a publicar artículos de denuncia en la prensa escrita. A medida que crecía su interés, pasó de centrarse exclusivamente en asuntos energéticos a ampliar sus miras hacia nuevos horizontes, convirtiéndose en un experto analista del sistema económico-financiero con el conocimiento suficiente para haber trazado, con el grado de acierto que constata la plasmación, a día de hoy, de cuanto profetizó hace 10 años, un mapa global de cómo funcionan realmente las cosas en el mundo en contraposición a cómo nos son contadas.

Ahora bien, lo que realmente se le da bien a este hombre es sentarse frente a una cámara durante algo más de una hora, fumarse cuatro o cinco cigarros, y arruinar el día de quien le escuche. De hecho, tan bueno llega a ser que, a pesar de llevar años repitiendo hasta la saciedad el mismo discurso, ni él mismo es capaz de soportar una nueva exposición y termina por romper a llorar en plena grabación.

Inicialmente concebido como una entrevista sin mayor propósito que el contar con el testimonio de quien, en calidad de informante, tuvo pleno conocimiento de la participación de la CIA en el tráfico de drogas durante la década de los 80, en el instante en que Ruppert optó, ya puestos y animado por la repugnancia del asunto imagino, por aportar una mayor dosis de carga dramática a los nauseabundos aspectos inherentes a la raza humana, la charla evolucionó hasta el punto de sentar las bases de un documental en toda regla acerca de los diferentes condicionantes que posibilitaron la llegada de la actual crisis mundial.

Fruto de la divagación a que puede dar lugar hablar de manera ininterrumpida durante 80 minutos, Michael Ruppert hace breves alusiones a cuestiones alejadas de la trama principal, que van desde el narcotráfico a la utilización de gas sarín en Laos durante la guerra de Vietnam o el caso Pat Tillman, pasando, cómo no, por el perejil de todas las salsas, Donald Rumsfeld. No obstante, los pilares sobre los que se asienta el tema central de la cinta de Chris Smith son básicamente dos: el petróleo y la economía, de tal suerte que la relación que supo establecer entre conceptos muy concretos de ambas fue lo que le permitió erigirse en el profeta definitivo de todo cuanto está ocurriendo actualmente.

Predicando en el desierto

El primero de ellos, el “peak of oil”, representa el punto de inflexión a partir del cual, una vez utilizados la mitad de los recursos petrolíferos existente en el mundo, la producción del mismo comienza a decrecer inevitablemente. En una sociedad completamente dependiente de un recurso cada vez más escaso, el problema se agrava cuando sus hipotéticos sustitutos se revelan ineficaces, caso del etanol (se consume más energía en su producción que la que se obtiene con su combustión), o, directamente, son absurdos de base en su concepción, como sucede con la electricidad (¿cómo mover con electricidad 800 millones de vehículos que, para existir, requieren miles de litros de petróleo por unidad, 26 sólo en un neumático?).

 

Las llamadas “energías alternativas” adolecen, igualmente, de enormes infraestructuras y complejas logísticas (carbón limpio), problemas de corrosión (hidráulica), necesidad de 10 a 30 años de incubación además de un gigantesco consumo de energía para enriquecer uranio (nuclear), o, directamente, están concebidas para ser consumidas allá donde se produzcan (eléctrica y eólica), lo que las convierte en inviables.

El otro concepto que anunciaba el cataclismo, ya en terreno económico, es el derivado, que la Wikipedia define mejor que yo estableciendo que es un producto financiero cuyo valor se basa en el precio de otro activo subyacente, tales como acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o materias primas. Es decir, partiendo de elementos tangibles, de valor real, y a través de una completa renovación del arte de la prestidigitación mediante técnicas especulativas, se espera que el conejo termine saliendo por la chistera con un buen fajo de billetes. El resultado de todo ello es la creación ficticia de un volumen de dinero, a nivel mundial, tan elevado que, de querer cobrarse al instante, sería imposible, sencillamente porque no existe.

Por muy demencial que pueda parecer, algo así encaja con plena lógica en nuestro sistema económico, estructurado de forma completamente piramidal y donde algo que vale 10 € permite la obtención de un préstamo bancario de 100 € que, a su vez, será devuelto con un valor de 130 €, en una serie de operaciones que erradican por completo la originaria equivalencia requerida del patrón oro y crean dinero de la nada.

Tras escuchar a Michael Ruppert sólo queda reflexionar sobre sus, hasta el momento, bastante acertadas teorías y esperar acontecimientos. Hagan sus apuestas. Especulen.




sábado, noviembre 20, 2010

"EL HOLOCAUSTO ASIÁTICO", Laurence Rees

Son muchas las particularidades que diferencian la sociedad japonesa del mundo occidental. Entre ellas, la mentalidad de no querer sobresalir por encima del resto, de salvaguardar el wa, como ellos llaman a la solidaridad del grupo a través del consenso y sin apartarse de las reglas, podría explicar en parte ese otro gusto distintivo suyo por el extremismo en múltiples facetas y que surge precisamente como reacción a tanta contención impuesta. En tal sentido, de la misma forma que no existe nada mejor para el veterano pornógrafo necesitado de experiencias más extremas que el asqueroso porno japonés, su escena musical supone el paraíso para aquellos fanáticos del glam rock a los que no les importe ver su estilo favorito llevado al límite de la parodia.

Sin embargo, en el ámbito militar, de cara a comprender mejor las razones que impulsaron el expansionismo japonés y, particularmente, la forma tan salvaje y cruel con que lo llevaron a cabo durante el período inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta que decenas de miles de ellos ardieran como teas con Little Boy en el verano más caluroso de su historia, es necesario referirse a otra serie de cuestiones que confluyen junto a las comentadas:

- Factores geográficos: Por su condición de isla, durante 1931, eran muchos los que, en las filas del ejército imperial, creían que la mejor manera de atenuar los problemas de Japón era haciéndose con el control de Manchuria, una tierra rica en todo aquello que la isla no poseía, principalmente, metros cuadrados y recursos naturales.

- Desengaño occidental: Las autoridades militares y políticas llegaron a la conclusión de que el hecho de haber abrazado la mentalidad de occidente durante los años veinte, les había procurado, además de una depresión económica, el contagio de lacras tales como la emancipación de la mujer, el sufragio universal y el comunismo.

No es una piñata de cumpleaños

- Supremacía racial: A los soldados se les inculcó la idea, bastantes  veces a culatazos, de que los chinos eran una especie infrahumana, hasta el punto de referirse a ellos como “chancorro”, seres inferiores que estaban al nivel de los insectos y debían por tanto ser exterminados.

- Hirohito Superstar: La figura del emperador se encontraba investida de propiedades divinas, potenciadas más aún durante un período caracterizado por la fragilidad nacional que requería no dar muestras de debilidad confirmando a su Ser Supremo como un gobernante a la antigua usanza al frente de una sociedad ultramoderna. Por muy errática que se revelase su actuación a lo largo de la contienda, sus prerrogativas en forma de demenciales tácticas militares y a favor de continuar absurdamente la guerra cuando la victoria era imposible fueron acatadas a pies juntillas porque, al fin y al cabo, los japoneses pertenecían al emperador. Eran sus hijos.

Hirohito, mejor dios que estratega militar

- Instrucción militar: La formación de los reclutas se endureció hasta extremos increíbles. En un ambiente en el que las palizas de todo tipo estaban a la orden del día (principalmente puñetazos, bastonazos de bambú o aplicando los tacones de las botas directamente en la cara del soldado) los malos tratos infringidos por los mandos superiores y los soldados más veteranos terminaron por institucionalizarse, lo cual contribuyó al embrutecimiento de la tropa.

- Ni un paso atrás: El militar japonés tenía prohibido rendirse. Ser apresado por el enemigo significaba una humillación que debía ser impedida con el suicidio si era necesario, de tal forma que muchos reservaron una granada para volarse en pedazos en última instancia. Esta práctica fue bastante habitual durante la guerra del Pacífico cuando, a medida que los americanos iban haciéndose con el control de las islas, los japoneses optaron por refugiarse en las cuevas y aplicar este curioso código de honor.

Morituri te salutant

Semejante cóctel de fondos y formas sentó las bases que cimentaron lo que se llegaría a conocer como el Holocausto Asiático. Un horror que se extendió por oriente durante más de una década y del que, pese a sus muchas similitudes ideológicas y criminales con la barbarie nazi, soviética o camboyana, caben destacarse originales aportaciones niponas a la inacabada lista de las atrocidades y tropelías cometidas por la raza humana en su camino a la podredumbre, como el gusto por el canibalismo enemigo en Nueva Guinea, la utilización por primera vez de mujeres chinas como prostitutas al servicio de la tropa con el beneplácito del estamento militar, la aniquilación de 300.000 civiles en Nankin ensartando con bayonetas a niños, mujeres y ancianos, los ataques de aviones kamikaze a portaaviones americanos o la utilización de armas biológicas en forma de bombardeos sobre China con ratas infectadas con la peste y otras toxinas.

lunes, octubre 18, 2010

"QUEREMOS INFORMARLE DE QUE MAÑANA SEREMOS ASESINADOS CON NUESTRAS FAMILIAS (HISTORIAS DE RUANDA)", Philip Gourevitch

Una vez impuesta la moda -convenientemente argumentada hasta la saciedad después de forma exculpatoria por la comunidad internacional como un problema exclusivo de negritos asilvestrados que no saben hacer otra cosa que andar a la gresca todo el día-, allá por 1959, de las matanzas y expulsiones promovidas por el Poder Hutu, fue en 1994 cuando, tras sucesivas oleadas a lo largo de las décadas anteriores, se instauró definitivamente la happy hour del machetazo en Ruanda.

En ese sentido, fue el misil que un 6 de abril de 1994 acabó con la vida de Habyarimana, entonces presidente de Ruanda, el que dio el pistoletazo de salida a una carrera de ejecuciones en masa nada sofisticadas que, durante sus 100 días de mayor esplendor, acabó con la vida de 800.000 personas alcanzando velocidades de hasta 7 tutsis/hora.


Sin embargo, una vez concluido el libro, a uno le queda la sensación de que, más que sobrevivir, lo mejor que te podía suceder en Ruanda era ser reducido a pedazos presa de la histeria colectiva hutu. Y es que, cojan aire, factores como el hecho de (1) ser obligado a huir del país (2) dejando a gran parte de la familia muerta en las cunetas de la carretera, (3) formando comunidades de refugiados en unos campos a los que, tras la reacción del FPN tutsi, llegaron (4) oleadas de hutus que, mientras ejercían allí también el control local y continuaban sus masacres, (5) contaban con el apoyo de unos cascos azules, Cruz Roja y ONG´s que fijaban su posicionamiento favorable en función de quién estaba siendo masacrado y obligado a huir en esos momentos en lugar de atender a la visión global del problema, para después (6) regresar a unas casas que ya no les pertenecían y que les obligaba además a (7) continuar su vida teniendo como vecinos a los asesinos que, para colmo de males y de enrevesamiento de esta frase, serían (8) juzgados en base a una nueva legislación penal benevolente por aquello de ser tiempo de templar gaitas, (9) de muy difícil aplicación encima por cuanto resultaba de arduo dar con unos culpables confundidos entre todo el caos del proceso inmigratorio. Circunstancias como ésas, decía, no le animan a uno a tener demasiadas ganas de levantarse al día siguiente.

Campo de refugiados en Tanzania

Y en medio de todo, de nuevo, una comunidad internacional que, o bien no consideraba oportuno atender al genocidio que estaba teniendo lugar en un país subdesarrollado que a nadie con los millones de dólares necesarios en el bolsillo para poder hacer algo parecía importar, o bien ayudaba a que se lo rascasen otros (principalmente Bélgica y Francia) para amasar más fortuna aún haciendo negocio con el envío de armamento a las fuerzas del Poder Hutu.

"- Me han dicho que a usted le interesa el genocidio - dijo el norteamericano - ¿sabe usted lo que es un genocidio?
Le dije que me lo explicase.
- Un bocadillo de queso - dijo - Escríbalo. Un genocidio es un bocadillo de queso.
Le pedí que me lo aclarase.
- ¿A quién le importa un bocadillo de queso? - dijo - Genocidio, genocidio, genocidio. Bocadillo de queso, bocadillo de queso, bocadillo de queso. ¿A quién le importa una mierda? Crímenes contra la humanidad. ¿Dónde está la humanidad? ¿Quién es la humanidad? ¿Usted? ¿Yo? ¿Ha visto un crimen cometido contra usted? Ah, solo un millón de ruandeses. ¿Ha oído hablar usted de la Convención sobre el Genocidio?
Le dije que sí.
- Esa convención - dijo el norteamericano del bar - es un envoltorio estupendo para un bocadillo de queso."

domingo, octubre 10, 2010

"DOCTORES DEL INFIERNO", Vivien Spitz

Aunque la esofagitis me impone cierto control con los alimentos picantes, el chocolate y la cafeína, puedo alardear de tener el suficiente estómago como para digerir sin problema todas las aberraciones que se me pongan por delante cualquiera que sea su formato. En ese sentido, y aun siendo alguien que con poner un pie en el hospital se pone malo, no me supone ningún problema tragarme de una tacada las descripciones pormenorizadas de las mil y una atrocidades médicas que aparecen aquí divididas por capítulos.

Otra cosa, en cambio, es lidiar después con ese mal sabor de boca que te dura meses tras constatar lo traicioneros que son la ciencia y el progreso cuando la ideología se mete por medio, pervirtiéndolo todo y volviendo los principios éticos y el juramento hipocrático contra el propio ser humano al que deberían servir y atender.

Es entonces cuando, una vez convenientemente diluidos los derechos individuales más fundamentales y elementales en aras del advenimiento del Übermensch ario, vinculando a tal causa toda la estructura política, militar, legal y científica de un país, se impone como necesario ir un poco más lejos todavía, calibrando algo más debidamente el punto de mira de semejante proyecto y dirigiéndolo a un objetivo mucho más idóneo: el escarabajo pelotero, nuevo ser supremo de un mundo que por fin habría visto extirpado de sus entrañas el cáncer de la raza humana.

Seguimiento fotográfico de un experimento de altitud

A lo largo de quince capítulos, Vivien Spitz, que asistió como taquígrafa a los juicios de Nuremberg, relata pormenorizadamente en qué consistían los distintos experimentos a que fueron sometidos miles de cobayas humanas en los campos de la muerte. Apunta las razones que los fundamentaban, describe el proceso que se seguía en cada uno de ellos y, finalmente, el estado en que acababa el maltrecho judío o los cuatro huesos mal juntados que quedaban de él.

Los experimentos abarcaban las siguientes disciplinas:

- Altitudes elevadas: El paciente entraba, con la única ayuda de sus dos pulmones, en una cámara que simulaba las condiciones que podemos encontrar a unos veinte mil metros de altura.

- Hipotermia: Se sumergía a la víctima en un tanque de agua helada durante tres horas, o más si se empeñaba en no morir.

- Malaria: Se inoculaba a través de picaduras de mosquitos o inyecciones de sangre contaminada.

- Regeneración de hueso, músculo, tejido nervioso y trasplantes óseos: Le quitaban a Mijael la pierna a la altura de la cadera y veían si le valía a Shafir, su compañero de barracón.

- Gas mostaza: Rociada sobre heridas, la corrosión del gas alcanzaba a los pulmones y demás órganos.

- Sulfanilamida: Después de herir al interno, se infectaban las heridas con estreptococo, gangrena y tétano, y se terminaba espolvoreando por encima virutas de madera y moledura de cristal.

- Agua de mar: Se obligaba a un pobre desgraciado a beber agua salada durante un período de entre cinco y nueve días, con consecuencias fácilmente deducibles para su organismo.

"Mengeleando"

- Ictericia: Los experimentos con ella provocaba en los reclusos dolores indecibles, muriendo muchos de ellos.

- Esterilización: Con el patrocinio del Estado, se trató de desarrollar un método eficaz para la esterilización futura de millones de personas a través de la radiación, la cirugía y los fármacos.

- Tifus: Como los experimentos con malaria, pero sustituyendo los mosquitos por piojos contagiosos.

- Veneno: Los nazis también sentían la curiosidad de averiguar cuánto tardaba en morir un ser humano tras disparársele balas envenenadas. En ocasiones, los médicos también lo administraban mediante la gamberrada de mezclarlo con la comida y ver después qué pasaba escondidos tras una cortina.

- Bombas incendiarias: Sesenta y ocho parece ser que eran los segundos necesarios para que se extinguieran las llamas que ardían sobre la piel que previamente había sido prendida usando el fósforo de las bombas.

- Pus, coagulante sanguíneo y gas: Los suplicios tenían como fin probar la tolerancia o grado de eficacia de ciertos productos, como el coagulante polygal.

- Manifestaciones artísticas: Como la vez en que se escogió a 112 internos judíos para crear una colección de esqueletos.

- Eutanasia: Ésta iba dirigida a exterminar todas las “bocas inútiles”, es decir, bebés con deficiencias o deformidades, niños y adultos enfermos, retrasados y ancianos.

Todas estas atrocidades fueron las que motivaron los cargos que llevaron al banquillo de Nuremberg, el 25 de octubre de 1946, a veinte médicos nazis, en el que fue el primero de los doce procesos que se celebraron ante magistrados norteamericanos tras el juicio del Tribunal Militar Internacional a los principales dirigentes nazis, con Göering a la cabeza, el 20 de noviembre de 1945.

Karl Brandt, médico personal de Hitler y uno de los principales acusados, aguantando el tipo al ser condenado a morir en la horca

Veinte médicos de entre un total desconocido pero sin duda muy numeroso. No en vano, dentro de las profesiones liberales, la medicina fue, con toda su camarilla de oportunistas políticamente comprometidos, la que contó con mayor porcentaje de miembros del Partido Nazi.

sábado, octubre 02, 2010

"LA PIANISTA", Michael Haneke

Erika era una persona fría y reservada, hasta el punto de rayar en la ranciedad, si bien cuando se sentaba al piano no tenía problema alguno en desnudar su alma a través de unas notas musicales que expresaban su extrema sensibilidad con gran elocuencia. Bendecida con un gran talento, dominaba un lenguaje musical que no estaba al alcance de quienes la rodeaban, y eso era algo que le molestaba profundamente. No eran pocos los aspirantes a entrar en el conservatorio que abandonaban sus duras selecciones llorando, y quienes habían tenido la suerte de pasar el corte debían lidiar con los continuos desprecios de su profesora, al mostrarse incapaces de captar las distintas emociones y estados anímicos que subyacían en las partituras de Hofmann o Schubert, su favorito. La música sin alma era una completa falta de respeto al artista que atentaba contra la suya propia también.

Después, recogía sus cosas y se iba al sex shop más cercano a masturbarse oliendo los kleenex que los anteriores usuarios de la cabina habían tirado en la papelera.


Para comprender esta aparente contradicción entre tanta belleza refinada y exquisitez musical y su gusto por hacerse cortes en sus partes pudendas con una cuchilla de afeitar es preciso hablar de su madre, a cuya labor Freud sin duda debe mucho, por cuanto sirve a modo de reafirmación de sus teorías el trabajo que ésta llevó a cabo con su hija.

A través de una constante presencia intimidante y acosadora por el piso que compartía con ella, de obsesivos controles telefónicos, de duros interrogatorios cada vez que llegaba tarde y, en definitiva, de la imposición dictatorial de un modo de vida anulador y reclusivo, mami fue tejiendo los mimbres que terminaron conformando la poliédrica personalidad de su pequeña, con unos modos de manifestarse muy dispares pero que, en su fuero más íntimo, convergían en una única esencia emanante.


En efecto, no cabe duda de que el sometimiento padecido por Erika fomentó el extremismo de sus parafilias. Una vida monacal que incluso impone dormir con la madre, sin contar siquiera con el mísero alivio de echar canitas al aire con el porno de internet, va creando un monstruo en toda mujer sana que vive los años de su apogeo sexual. Si a ello se le añade la propia constatación de estar sumiéndose en las cloacas del sadomasoquismo, es normal que la persona potencie el distanciamiento con el mundo que le rodea, máxime si cuanto siente no cuadra además con los célibes valores en los que ha sido inculcada.

En tal situación, la protagonista se aísla y se refugia en su mundo musical, proclamando a gritos su angustia vital al piano. Pero su público, que asiste maravillado a sus descarnados recitales, no escucha verdaderamente a esa mujer que ven tan arisca, y las pocas ganas que le quedan de hacerlo se esfuman día a día a medida que ésta les va dispensando el único trato personal, basado en el desprecio, que ha aprendido de su madre.

Tan sólo Walter, un joven apuesto y pianista autodidacta, parece hablar su mismo idioma. Al ser capaz de ver más allá, también lo será de soportar sus continuos desplantes, y así, en ese clásico del cortejo basado en la progresiva pérdida de la dignidad por la que algunos hemos pasado, llegará finalmente a conseguir intimar y tener acceso carnal con ella, por llamar de alguna forma a la aséptica pajilla con aires militares con que le obsequia en un baño público.


A partir de este momento, cualquier parecido con todos esos almibarados melodramas tan habituales en Hollywood llega a su fin. A Haneke le da por el realismo y, a pesar de que la inadaptada finalmente se abre y se vislumbra un final feliz, se sirve del hasta ese momento aparentemente distinguido, especial y comprensivo personaje de Walter para terminar plasmando en él, en el éxtasis de la continua paradoja que es el film, al espectador común y, por extensión, a la sociedad en su conjunto cuando, cansado de tanta proposición acompañada de cuerdas, grilletes y demás artilugios de tortura, éste termina por recriminarle a berridos su enfermiza condición, sumiendo a la ahora frágil y delicada Erika en tal estado de desamparo que termina queriendo acabar con su vida.

Aunque "La Pianista" relata de manera dura y cruel la historia del intento de unión de dos mundos irreconciliables, realizando de paso una completa reafirmación de la inmutabilidad de la naturaleza del ser humano una vez que ésta ha quedado definida de acuerdo a diversos factores, lo que resulta verdaderamente doloroso es la conclusión de que, aun en el caso de que no fuéramos responsables de todo aquello que terminó por contaminar nuestra condición, sí sufriríamos las consecuencias y penurias que derivasen de la misma.




domingo, septiembre 26, 2010

"GULAG", Anne Applebaum

El término "gulag" se utiliza para designar la amplia red de campos de trabajo que en su día estuvieron desperdigados a lo largo y ancho de la Unión Soviética. Los había de trabajo, de castigo, para delincuentes comunes y presos políticos, para mujeres e incluso para niños, todos ellos con el denominador común de no encontrarse en los primeros puestos de la lista de destinos preferidos por sus ocupantes para las próximas vacaciones.

A lo largo de lo que sin duda podría calificarse como un buen tocho de páginas, Anne Applebaum trata la historia de los campos soviéticos de dos modos bien diferenciados. Mientras que la primera y tercera parte del libro son eminentemente cronológicas, describiéndose en ellas la evolución y gestión de los campos de un modo narrativo, la parte central explica la vida en los mismos con relatos y citas referidos preferentemente a los años cuarenta, la década en que los campos alcanzaron su apogeo.

Prisioneros de un gulag en el Báltico

El libro, más allá de los obligados y anecdóticos apuntes por su estrecho vínculo con la historia del gulag, no indaga de modo exhaustivo en ninguno de los muchos otros aspectos sombríos de la historia de la URSS.  No se adentra en la historia del reinado de Stalin, de su Politburó o de su policía secreta, cuya compleja historia administrativa se ha tratado de simplificar en todo lo posible. Tampoco se presta una atención especial a las purgas, a la represión en general, a los asesinatos masivos del período 1937-1938, que tuvieron lugar en su mayor parte fuera de los campos, a la masacre de miles de oficiales polacos en Katyn, o al Holocausto Ucraniano, que se llevó por delante a 7 millones de ucranianos a principios de los años treinta. En su lugar, la autora, plenamente consciente del enorme desconocimiento existente en torno al fenómeno gulag, por culpa, entre otras cosas, de la preferencia de Spielberg por el tema judio en sus películas, dedica toda su atención al mismo en un modesto intento por devolver este infausto episodio al centro de la ya de por sí tormentosa historia del convulso siglo XX.

Se calcula que 18 millones de personas pasaron por este sistema de hacinamiento masivo y que cerca de 6 millones fueron enviadas a pelarse de frio al exilio de los bosques siberianos a lo largo de las ocho décadas  (1917-1987) durante las que los campos se mantuvieron en activo.

lunes, septiembre 20, 2010

"EL ADN VERSUS EL LIBRO DE MORMÓN", Joel Kramer & Jeremy Reyes

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más comúnmente conocida como Iglesia Mormona, tiene una presencia un tanto extraña en nuestras vidas. Con un proselitismo tan invasivo y disparado a discreción como el suyo, con ese particular concepto del timing que acompaña los asaltos callejeros de todos los Elder Johns del mundo, sorprende que sea tan poca la gente que conozca los fundamentos de su credo. Una verdadera lástima sin duda, teniendo en cuenta la enorme cantidad de aficionados a la ciencia ficción repartidos por todo el mundo a la espera de buenas historias con las que disfrutar.

Y es que, resumiendo con escrupuloso rigor los orígenes de la fe de más de 14 millones de personas dotadas de pensamiento racional, dicha historia viene a ser la siguiente: El 21 de septiembre de 1823, Joseph Smith vio aparecer una luz en su cuarto (y ya iban dos veces) que resultó ser un mensajero enviado por Dios de nombre Moroni. Éste le comunicó que, ocultos en un cerro ubicado en lo que hoy es el estado de Nueva York, se hallaban depositados unos manuscritos sagrados escritos sobre planchas de oro y en los que se contenía una relación de los antiguos habitantes del continente americano, así como del origen de su procedencia. Al no ser capaz de interpretarlas, el profeta Smith necesitó de la ayuda divina, y de esta forma, ataviado con un pectoral mágico, a lo largo de los próximos tres años se dedicó a traducir el texto íntegro, confeccionando lo que vino a conocerse como el Libro de Mormón.

  Joseph Smith Wachowski Tolkien 

Su historia comienza con el relato de la huída en barco de Jerusalén de una familia hebrea que, casualmente, fue a parar a América alrededor del año 600 a.c. El enfrentamiento entre los seguidores de dos hermanos que la conforman, Nefi y Lamán, determinó el surgimiento de dos pueblos antagónicos en continua lucha hegemónica; los sofisticados nefitas, "blancos y sumamente bellos y deleitables" (sic), y los lamanitas, de piel oscura y "ociosos, llenos de maldad y astucia" (sic). Únicamente el advenimiento de Jesús en el año 33 consiguió traer la paz entre ambos pueblos, estableciéndose una tregua que, tras 200 años de duración, dio paso al progresivo aniquilamiento nefita a manos de unos lamanitas superiores en número. La batalla definitiva se dio en las faldas del antedicho cerro de Cumorah (Nueva York), provocando la extinción de los nefitas. Uno de sus últimos supervivientes fue el mismo Moroni que posteriormente aparecería en forma de ángel ante Joseph Smith en la noche del 21 de septiembre de 1823.

"¡Créaselo! ¡50 mb de descarga REALES!"

De vuelta en el mundo real, esto es lo que nos encontramos en los primeros veinte minutos del peor documental que jamás veré en mi vida. La siguiente media hora la compone una continua perorata repetitiva, machacona a más no poder, sobre el hecho de que no existe evidencia genética alguna que avale la ascendencia hebrea del pueblo americano, dado que todas las pruebas de ADN realizadas hasta la fecha sobre sus habitantes remiten a un linaje originario del este de Asia. Junto a ello, y por si no fuera suficiente, se señala la ausencia de caracteres arquitectónicos, lingüisticos o antropológicos comunes con el pueblo hebreo.


Dicho esto, el verdadero interés de este documento lo encontramos en su producción. Muy graciosamente, resulta que se trata de una obra de Ministerios Vivientes de la Esperanza, culto/secta/camarilla que, al tiempo que se dedica a desmitificar con argumentos cientifícos cuanto se dice en el Libro de Mormón, proclama al mundo la veracidad del relato bíblico con el contundente, irrefutable y aplastante argumento de la fe, haciéndonos a todos el enorme favor de ni siquiera tener que molestarnos en rebatir cuanto ellos mismos se encargan de poner en evidencia.