4 de octubre de 2017

A IMAGEN Y SEMEJANZA DEL HIDRÓGENO

A quienes profesan su fe por cualquier religión antropocéntrica me gustaría presentarles a un amigo. Se trata del Sr. Tiempo Profundo. A diferencia de ellos, padece fobia social, es parco en palabras y bastante críptico, por eso otros miembros de su cuadrilla se esfuerzan en sacarle del anonimato ayudándole a integrarse en la sociedad haciendo su lenguaje más inteligible con métodos como el utilizado por la Revista Mito y que podríamos resumir con el siguiente extracto.
"(...) Supongamos que una gota de agua representa el tiempo de vida promedio de un humano (0.05 ml de agua = 75 años): esta será nuestra unidad de medida.
(...) En cucharadita y media (7,4 ml) hemos englobado toda la civilización humana (desde la revolución neolítica). (...) Los restos más antiguos de homo sapiens se encuentran en Etiopía, (...) con una antigüedad de 195.000 años. (...) En gotas de agua suman apenas 361 ml (una lata de refresco). 
(...) Actualmente se estima que el universo surgió hace 13.8 mil millones de años: 6.666,7 litros de agua (seis cisternas, 33 garrafones y 6 botellas de agua)".

Y ahora, súmenle a ese diluvio universal la eternidad divina previa al Big Bang y la nada despreciable probabilidad, basada en la estadística, de ser otra especie más que se extinguió.

Olvidé comentar que el colega, ocasionamente, es capaz de provocar cierto desasosiego y confusión, pero les garantizo que podrán contar con su amistad para siempre. Este sí que es de fiar, lo juro por Dios.

30 de noviembre de 2015

MARY BAKER EDDY Y LA CIENCIA CRISTIANA

Si existen obreros que votan al PP o republicanos juancarlistas uno puede llegar a entender que a Mary Baker Eddy le diera por juntar ciencia y religión. Según ella, toda enfermedad podía ser curada siguiendo el método divino de Jesucristo, procedimiento que aplicó a sus dolencias para curarlas milagrosamente rezando mucho y leyendo la Biblia como si fuera el Marca. Esta ciencia basada en la fe la animó a fundar la Iglesia de Cristo Científico y a desarrollar el sistema de la Ciencia Cristiana, cuadratura del círculo pseudofilosófica que viene a decir, sintetizando, que lo material es irreal, temporal y erróneo, mientras que el espíritu (alma, sustancia, Dios) es lo único real y eterno. Esto es así porque Dios nos creó a todos y, como es bueno, su creación (nosotros) también lo es, y esta aglutina dichas bondades, por lo que la enfermedad, la muerte, Sinde y todo lo malo no forman parte de la realidad fundamental, sino que son el resultado de vivir alejados del Creador y, por tanto, distorsiones ilusorias de la misma. De esta forma, con la oración y la lectura de las Sagradas Escrituras nos acercamos a Dios y, en consecuencia, al alejarnos de lo negativo, como cualquier persona con sentido común ya habrá deducido, conseguimos curar enfermedades, evidentemente.

No es de extrañar que esta mujer sintiera interés por la homeopatía, como tampoco que se le quedara corta. De las diluciones de sustancias pasó a recetar cápsulas sin resto alguno de medicamento (placebo) y, finalmente, a concluir que la fe del paciente y su puesta en práctica mediante lo dicho anteriormente era lo que verdaderamente lo curaría, que para algo inventó la Ciencia Cristiana.

El nuevo Vademécum

No existe evidencia científica alguna que confirme que Mary Baker lograse curar siquiera un solo padrastro, lo cual no ha impedido que, a día de hoy, existan más de 1500 comunidades de afiliados por todo el mundo compuestas por personas dotadas de pensamiento racional, que fundase el periódico The Christian Science Monitor, ganador de 7 Pulitzers, que su obra, traducida a distintos idiomas, goce de tanto prestigio internacional como su persona o que, consecuencia de esto último, en 1998 fuera reconocida como uno de los líderes religiosos más influyentes del siglo XX.

Si padeces un cáncer terminal, si la cirugía y la quimioterapia ya no pueden detener la metástasis, si el oncólogo ya te habla más como un cura que como un médico, puede que, así y todo, te aferres cabezonamente a querer seguir con vida. Algo tiene que quedar por hacer, te dirás. Es posible que en tal situación recuerdes a Mary Baker y su Ciencia Cristiana. Encomiéndate a ella. Reza, lee la Biblia. En el momento en que tomes conciencia de hasta dónde te ha conducido tu desesperación estarás curado. Todo lo que no consiguió convencerte de lo inútil de tu obstinación lo habrá logrado ella. Finalmente sabrás que vas a morir.

20 de noviembre de 2015

#JESUISLGTB, #JESUISPARIS, #JESUIS(NON)PENADEMUERTE

Primero fue la foto de perfil en Facebook con la bandera LGBT, solidarizándonos muchísimo con colectivos con los que en el día a día tememos que nos identifiquen. Tras los atentados del 13 de noviembre en París llega la francesa. Con estos ya no da cosa que nos confundan. Apoyos asépticos en ambos casos que llevan implícitos enormes distanciamientos, en el primero de ellos respecto a quienes mostramos dicho apoyo y en el segundo referido a los que dejamos de lado al reafirmar que una vida del primer mundo vale más que la del resto por el simple hecho de identificarnos más con sus víctimas. Sin la existencia de un vínculo afectivo que pudiera hacer comprensible otorgarles una mayor relevancia, es vernos reflejados en ellas (podría ser yo) lo que provoca que nos afecte e importe más. Es, por tanto, una solidaridad egoísta. E hipócrita, cuando, del otro lado, repentinamente surgen airadas denuncias -hasta ahora inexistentes- a los medios de comunicación por parte del que también conforma otro amplio sector de la población, como consecuencia de la amplísima cobertura dada a este suceso en comparación, por ejemplo, con los atentados ocurridos recientemente en Pakistán, país que lleva sufriéndolos durante toda una década, a una media de dos ataques diarios.

$jesuiszuckerberg

A continuación, y siguiendo en París, surge la nueva noticia, esta vez protagonizada por los buenos. El cerebro de los atentados en la ciudad fallece cosido a balazos por las fuerzas del orden. Es un asalto y es entendible que muera. Después, lo que siempre sucede en estos casos. El parlamento francés celebra la muerte del terrorista, vítores y felicitaciones a los cuerpos de seguridad y todos los millones de personas que conocen la noticia se alegran igualmente a coro. Morir es lo que merecía, acabar con él ha sido lo correcto y no una mera contingencia comprensible de la operación. En caso de haberse entregado, en cambio, como no somos Texas y en buena parte del mundo, y en Europa en particular, se cumplen las leyes del Estado de Derecho que garantizan un juicio justo, el terrorista hubiera ido a la cárcel 30 años. En tal situación, esos mismos millones de personas hubieran rechazado una ejecución como, por ejemplo, la de Sadam Husein, puesto que la pena de muerte es execrable y lo que nos diferencia y sitúa por encima de los rednecks, los iraquíes y demás infrahumanos. 


Una dualidad de opinión basada exclusivamente en el contexto, dado que el consenso universal sobre lo que es lo correcto en una situación concreta es lo que marca y define la postura de la gente, su opinión particular, y así, nos encontramos con dos consensos universales opuestos ante un mismo hecho. La gente opina que sí, pero también opina que no, lo que equivale a carecer de opinión en el mejor de los casos y a ser muy hipócrita en el peor de ellos.

6 de septiembre de 2015

"COLLAPSE", Chris Smith

Michael Ruppert tiene a sus espaldas una destacada carrera como miembro del departamento de narcóticos de la policía de Los Angeles, interrumpida allá por 1976 cuando la CIA se cruzó en su camino con motivo de una posible trama de corrupción que, de paso, le dejó sin novia. Su negativa a participar en la investigación de un turbio asunto de drogas que él creía aislado lo llevó, por una mera cuestión de supervivencia debido a la persecución de la que empezó a ser objeto, a dedicarse a escribir cartas a congresistas y a publicar artículos de denuncia en la prensa escrita. A medida que crecía su interés, pasó de centrarse exclusivamente en asuntos energéticos a ampliar sus miras hacia nuevos horizontes, convirtiéndose en un experto analista del sistema económico-financiero con el conocimiento suficiente para haber trazado, con el grado de acierto que constata la plasmación, a día de hoy, de cuanto profetizó hace 10 años, un mapa global de cómo funcionan realmente las cosas en el mundo en contraposición a cómo nos son contadas.

Ahora bien, lo que realmente se le da bien a este hombre es sentarse frente a una cámara durante algo más de una hora, fumarse cuatro o cinco cigarros y arruinar el día de quien le escuche. De hecho, tan bueno llega a ser que, a pesar de llevar años repitiendo hasta la saciedad el mismo discurso, ni él mismo es capaz de soportar una nueva exposición y termina por romper a llorar en plena grabación.

Inicialmente concebido como una entrevista sin mayor propósito que el contar con el testimonio de quien, en calidad de informante, tuvo pleno conocimiento de la participación de la CIA en el tráfico de drogas durante la década de los 80, en el instante en que Ruppert optó, ya puestos y animado por la repugnancia del asunto imagino, por aportar una mayor dosis de carga dramática a los nauseabundos aspectos inherentes a la raza humana, la charla evolucionó hasta el punto de sentar las bases de un documental en toda regla acerca de los diferentes condicionantes que posibilitaron la llegada de la actual crisis mundial.

Fruto de la divagación a que puede dar lugar hablar de manera ininterrumpida durante 80 minutos, Michael Ruppert hace breves alusiones a cuestiones alejadas de la trama principal, que van desde el narcotráfico a la utilización de gas sarín en Laos durante la guerra de Vietnam o el caso Pat Tillman, pasando, cómo no, por el perejil de todas las salsas, Donald Rumsfeld. No obstante, los pilares sobre los que se asienta el tema central de la cinta de Chris Smith son básicamente dos: el petróleo y la economía, de tal suerte que la relación que supo establecer entre conceptos muy concretos de ambas fue lo que le permitió erigirse en el profeta definitivo de todo cuanto está ocurriendo actualmente.

Predicando en el desierto

El primero de ellos, el peak of oil, representa el punto de inflexión a partir del cual, una vez utilizados la mitad de los recursos petrolíferos existente en el mundo, la producción del mismo comienza a decrecer inevitablemente. En una sociedad completamente dependiente de un recurso cada vez más escaso, el problema se agrava cuando sus hipotéticos sustitutos se revelan ineficaces, caso del etanol (se consume más energía en su producción que la que se obtiene con su combustión), o, directamente, son absurdos de base en su concepción, como sucede con la electricidad (¿cómo mover con electricidad 800 millones de vehículos que, para existir, requieren miles de litros de petróleo por unidad, 26 sólo en un neumático?).

 

Las llamadas “energías alternativas” adolecen, igualmente, de enormes infraestructuras y complejas logísticas (carbón limpio), problemas de corrosión (hidráulica), necesidad de 10 a 30 años de incubación además de un gigantesco consumo de energía para enriquecer uranio (nuclear), o, directamente, están concebidas para ser consumidas allá donde se produzcan (eléctrica y eólica), lo que las convierte en inviables.

El otro concepto que anunciaba el cataclismo, ya en terreno económico, es el derivado, que la Wikipedia define mejor que yo estableciendo que es un producto financiero cuyo valor se basa en el precio de otro activo subyacente, tales como acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o materias primas. Es decir, partiendo de elementos tangibles, de valor real, y a través de una completa renovación del arte de la prestidigitación mediante técnicas especulativas, se espera que el conejo termine saliendo por la chistera con un buen fajo de billetes. El resultado de todo ello es la creación ficticia de un volumen de dinero, a nivel mundial, tan elevado que, de querer cobrarse al instante, sería imposible, sencillamente porque no existe.

Por muy demencial que pueda parecer, algo así encaja con plena lógica en nuestro sistema económico, estructurado de forma completamente piramidal y donde algo que vale 10 € permite la obtención de un préstamo bancario de 100 € que, a su vez, será devuelto con un valor de 130 €, en una serie de operaciones que erradican por completo la originaria equivalencia requerida del patrón oro y crean dinero de la nada.

Tras escuchar a Michael Ruppert sólo queda reflexionar sobre sus, hasta el momento, bastante acertadas teorías y esperar acontecimientos. Hagan sus apuestas. Especulen.

20 de noviembre de 2010

"EL HOLOCAUSTO ASIÁTICO: LOS CRÍMENES JAPONESES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL", Laurence Rees

Son muchas las particularidades que diferencian la sociedad japonesa del mundo occidental. Entre ellas, la mentalidad de no querer sobresalir por encima del resto, de salvaguardar el wa, como ellos llaman a la solidaridad del grupo a través del consenso y sin apartarse de las reglas, podría explicar en parte ese otro gusto distintivo suyo por el extremismo en múltiples facetas y que surge precisamente como reacción a tanta contención impuesta. En tal sentido, de la misma forma que no existe nada mejor para el veterano pornógrafo necesitado de experiencias más extremas que el asqueroso porno japonés, su escena musical supone el paraíso para aquellos fanáticos del glam rock a los que no les importe ver su estilo favorito llevado al límite de la parodia.

Sin embargo, en el ámbito militar, de cara a comprender mejor las razones que impulsaron el expansionismo japonés y, particularmente, la forma tan salvaje y cruel con que lo llevaron a cabo durante el período inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta que decenas de miles de ellos ardieran como teas con Little Boy en el verano más caluroso de su historia, es necesario referirse a otra serie de cuestiones que confluyen junto a las comentadas:

- Factores geográficos: Por su condición de isla, durante 1931, eran muchos los que, en las filas del ejército imperial, creían que la mejor manera de atenuar los problemas de Japón era haciéndose con el control de Manchuria, una tierra rica en todo aquello que la isla no poseía, principalmente, metros cuadrados y recursos naturales.

- Desengaño occidental: Las autoridades militares y políticas llegaron a la conclusión de que el hecho de haber abrazado la mentalidad de occidente durante los años veinte, les había procurado, además de una depresión económica, el contagio de lacras tales como la emancipación de la mujer, el sufragio universal y el comunismo.

No es una piñata de cumpleaños

- Supremacía racial: A los soldados se les inculcó la idea, bastantes  veces a culatazos, de que los chinos eran una especie infrahumana, hasta el punto de referirse a ellos como “chancorro”, seres inferiores que estaban al nivel de los insectos y debían por tanto ser exterminados.

- Hirohito Superstar: La figura del emperador se encontraba investida de propiedades divinas, potenciadas más aún durante un período caracterizado por la fragilidad nacional que requería no dar muestras de debilidad confirmando a su Ser Supremo como un gobernante a la antigua usanza al frente de una sociedad ultramoderna. Por muy errática que se revelase su actuación a lo largo de la contienda, sus prerrogativas en forma de demenciales tácticas militares y a favor de continuar absurdamente la guerra cuando la victoria era imposible fueron acatadas a pies juntillas porque, al fin y al cabo, los japoneses pertenecían al emperador. Eran sus hijos.

Hirohito, mejor dios que estratega militar

- Instrucción militar: La formación de los reclutas se endureció hasta extremos increíbles. En un ambiente en el que las palizas de todo tipo estaban a la orden del día (principalmente puñetazos, bastonazos de bambú o aplicando los tacones de las botas directamente en la cara del soldado) los malos tratos infringidos por los mandos superiores y los soldados más veteranos terminaron por institucionalizarse, lo cual contribuyó al embrutecimiento de la tropa.

- Ni un paso atrás: El militar japonés tenía prohibido rendirse. Ser apresado por el enemigo significaba una humillación que debía ser impedida con el suicidio si era necesario, de tal forma que muchos reservaron una granada para volarse en pedazos en última instancia. Esta práctica fue bastante habitual durante la guerra del Pacífico cuando, a medida que los americanos iban haciéndose con el control de las islas, los japoneses optaron por refugiarse en las cuevas y aplicar este curioso código de honor.

Morituri te salutant

Semejante cóctel de fondos y formas sentó las bases que cimentaron lo que se llegaría a conocer como el Holocausto Asiático. Un horror que se extendió por oriente durante más de una década y del que, pese a sus muchas similitudes ideológicas y criminales con la barbarie nazi, soviética o camboyana, caben destacarse originales aportaciones niponas a la inacabada lista de las atrocidades y tropelías cometidas por la raza humana en su camino a la podredumbre, como el gusto por el canibalismo enemigo en Nueva Guinea, la utilización por primera vez de mujeres chinas como prostitutas al servicio de la tropa con el beneplácito del estamento militar, la aniquilación de 300.000 civiles en Nankin ensartando con bayonetas a niños, mujeres y ancianos, los ataques de aviones kamikaze a portaaviones americanos o la utilización de armas biológicas en forma de bombardeos sobre China con ratas infectadas con la peste y otras toxinas.

18 de octubre de 2010

"QUEREMOS INFORMARLE DE QUE MAÑANA SEREMOS ASESINADOS CON NUESTRAS FAMILIAS (HISTORIAS DE RUANDA)", Philip Gourevitch

Una vez impuesta la moda -convenientemente argumentada hasta la saciedad después de forma exculpatoria por la comunidad internacional como un problema exclusivo de negritos asilvestrados que no saben hacer otra cosa que andar a la gresca todo el día-, allá por 1959, de las matanzas y expulsiones promovidas por el Poder Hutu, fue en 1994 cuando, tras sucesivas oleadas a lo largo de las décadas anteriores, se instauró definitivamente la happy hour del machetazo en Ruanda.

En ese sentido, fue el misil que un 6 de abril de 1994 acabó con la vida de Habyarimana, entonces presidente de Ruanda, el que dio el pistoletazo de salida a una carrera de ejecuciones en masa nada sofisticadas que, durante sus 100 días de mayor esplendor, acabó con la vida de 800.000 personas alcanzando velocidades de hasta 7 tutsis/hora.


Sin embargo, una vez concluido el libro, a uno le queda la sensación de que, más que sobrevivir, lo mejor que te podía suceder en Ruanda era ser reducido a pedazos presa de la histeria colectiva hutu. Y es que, cojan aire, factores como el hecho de (1) ser obligado a huir del país (2) dejando a gran parte de la familia muerta en las cunetas de la carretera, (3) formando comunidades de refugiados en unos campos a los que, tras la reacción del FPN tutsi, llegaron (4) oleadas de hutus que, mientras ejercían allí también el control local y continuaban sus masacres, (5) contaban con el apoyo de unos cascos azules, Cruz Roja y ONG´s que fijaban su posicionamiento favorable en función de quién estaba siendo masacrado y obligado a huir en esos momentos en lugar de atender a la visión global del problema, para después (6) regresar a unas casas que ya no les pertenecían y que les obligaba además a (7) continuar su vida teniendo como vecinos a los asesinos que, para colmo de males y de enrevesamiento de esta frase, serían (8) juzgados en base a una nueva legislación penal benevolente por aquello de ser tiempo de templar gaitas, (9) de muy difícil aplicación encima por cuanto resultaba de arduo dar con unos culpables confundidos entre todo el caos del proceso inmigratorio. Circunstancias como ésas, decía, no le animan a uno a tener demasiadas ganas de levantarse al día siguiente.

Campo de refugiados en Tanzania

Y en medio de todo, de nuevo, una comunidad internacional que, o bien no consideraba oportuno atender al genocidio que estaba teniendo lugar en un país subdesarrollado que a nadie con los millones de dólares necesarios en el bolsillo para poder hacer algo parecía importar, o bien ayudaba a que se lo rascasen otros (principalmente Bélgica y Francia) para amasar más fortuna aún haciendo negocio con el envío de armamento a las fuerzas del Poder Hutu.
"- Me han dicho que a usted le interesa el genocidio - dijo el norteamericano - ¿sabe usted lo que es un genocidio?
Le dije que me lo explicase.
- Un bocadillo de queso - dijo - Escríbalo. Un genocidio es un bocadillo de queso.
Le pedí que me lo aclarase.
- ¿A quién le importa un bocadillo de queso? - dijo - Genocidio, genocidio, genocidio. Bocadillo de queso, bocadillo de queso, bocadillo de queso. ¿A quién le importa una mierda? Crímenes contra la humanidad. ¿Dónde está la humanidad? ¿Quién es la humanidad? ¿Usted? ¿Yo? ¿Ha visto un crimen cometido contra usted? Ah, solo un millón de ruandeses. ¿Ha oído hablar usted de la Convención sobre el Genocidio?
Le dije que sí.
- Esa convención - dijo el norteamericano del bar - es un envoltorio estupendo para un bocadillo de queso".