10 de noviembre de 2009

"STALIN Y LOS VERDUGOS", Donald Rayfield

Dejando a Hitler a la altura de ese buen amigo que a todos nos gustaría tener, la evolución humana, de manos de la herencia genética, dispuso los medios adecuados para que fuese engendrado un hombre como el georgiano Jossif Vissariónovich Dzhugashvili, último responsable de un genocidio todavía mayor que el derivado del holocausto nazi.

No contento con exterminar al enemigo, fácil de concretar, a nada que uno ponga el suficiente empeño en buscarle la vuelta a cualquier tipo de ideología y modo de vida alejado de los patrones del marxismo y el comunismo, en unos cuantos millones de seres humanos, Stalin extendió el terror entre sus propios aliados a través de sus famosas purgas, mandando ejecutar sin pestañear, por ejemplo, a miembros del partido o a prácticamente todos los mandos superiores de un ejército rojo que así se las vio luego, entre otras ocasiones, en la invasión de Finlandia, cuando, con no poco esfuerzo, logró una deshonrosa victoria, carísima en número de bajas y mediante desafortunadas operaciones militares, desde el punto de vista táctico, dirigidas por unos nuevos mandos totalmente inexpertos.

Stalin y su gusto por la austeridad en el vestir

A través de un minucioso análisis histórico de la época, bastante denso en ocasiones, el autor desarrolla su biografía describiendo el camino seguido por Koba desde sus inicios como estudiante modélico en un seminario eclesiástico hasta su proclamación como dictador, dejando caer, de cuando en cuando, diversos episodios aquí y allá de extrema crueldad y dureza dirigidos contra el grupo de población, político o militar con el que se hubiese levantado en mente esa mañana. Entre ellos, cabe destacar el Holocausto ucraniano, en el que varios millones de habitantes de la región perdieron la vida fusilados o como consecuencia del bloqueo aislacionista y la cesión al régimen comunista de unas tierras y alimentos que los condenó a una irremisible inanición.

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