18 de octubre de 2010

"QUEREMOS INFORMARLE DE QUE MAÑANA SEREMOS ASESINADOS CON NUESTRAS FAMILIAS (HISTORIAS DE RUANDA)", Philip Gourevitch

Una vez impuesta la moda -convenientemente argumentada hasta la saciedad después de forma exculpatoria por la comunidad internacional como un problema exclusivo de negritos asilvestrados que no saben hacer otra cosa que andar a la gresca todo el día-, allá por 1959, de las matanzas y expulsiones promovidas por el Poder Hutu, fue en 1994 cuando, tras sucesivas oleadas a lo largo de las décadas anteriores, se instauró definitivamente la happy hour del machetazo en Ruanda.

En ese sentido, fue el misil que un 6 de abril de 1994 acabó con la vida de Habyarimana, entonces presidente de Ruanda, el que dio el pistoletazo de salida a una carrera de ejecuciones en masa nada sofisticadas que, durante sus 100 días de mayor esplendor, acabó con la vida de 800.000 personas alcanzando velocidades de hasta 7 tutsis/hora.


Sin embargo, una vez concluido el libro, a uno le queda la sensación de que, más que sobrevivir, lo mejor que te podía suceder en Ruanda era ser reducido a pedazos presa de la histeria colectiva hutu. Y es que, cojan aire, factores como el hecho de (1) ser obligado a huir del país (2) dejando a gran parte de la familia muerta en las cunetas de la carretera, (3) formando comunidades de refugiados en unos campos a los que, tras la reacción del FPN tutsi, llegaron (4) oleadas de hutus que, mientras ejercían allí también el control local y continuaban sus masacres, (5) contaban con el apoyo de unos cascos azules, Cruz Roja y ONG´s que fijaban su posicionamiento favorable en función de quién estaba siendo masacrado y obligado a huir en esos momentos en lugar de atender a la visión global del problema, para después (6) regresar a unas casas que ya no les pertenecían y que les obligaba además a (7) continuar su vida teniendo como vecinos a los asesinos que, para colmo de males y de enrevesamiento de esta frase, serían (8) juzgados en base a una nueva legislación penal benevolente por aquello de ser tiempo de templar gaitas, (9) de muy difícil aplicación encima por cuanto resultaba de arduo dar con unos culpables confundidos entre todo el caos del proceso inmigratorio. Circunstancias como ésas, decía, no le animan a uno a tener demasiadas ganas de levantarse al día siguiente.

Campo de refugiados en Tanzania

Y en medio de todo, de nuevo, una comunidad internacional que, o bien no consideraba oportuno atender al genocidio que estaba teniendo lugar en un país subdesarrollado que a nadie con los millones de dólares necesarios en el bolsillo para poder hacer algo parecía importar, o bien ayudaba a que se lo rascasen otros (principalmente Bélgica y Francia) para amasar más fortuna aún haciendo negocio con el envío de armamento a las fuerzas del Poder Hutu.
"- Me han dicho que a usted le interesa el genocidio - dijo el norteamericano - ¿sabe usted lo que es un genocidio?
Le dije que me lo explicase.
- Un bocadillo de queso - dijo - Escríbalo. Un genocidio es un bocadillo de queso.
Le pedí que me lo aclarase.
- ¿A quién le importa un bocadillo de queso? - dijo - Genocidio, genocidio, genocidio. Bocadillo de queso, bocadillo de queso, bocadillo de queso. ¿A quién le importa una mierda? Crímenes contra la humanidad. ¿Dónde está la humanidad? ¿Quién es la humanidad? ¿Usted? ¿Yo? ¿Ha visto un crimen cometido contra usted? Ah, solo un millón de ruandeses. ¿Ha oído hablar usted de la Convención sobre el Genocidio?
Le dije que sí.
- Esa convención - dijo el norteamericano del bar - es un envoltorio estupendo para un bocadillo de queso".

2 comentarios:

  1. Tus letras sangran. Impresionante. Me gusta haberte podido leer.

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  2. Gracias, e igualmente enhorabuena por tus blogs, eres alguien realmente prolífico. Por cierto, cómo llegaste hasta este blog?

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