20 de noviembre de 2010

"EL HOLOCAUSTO ASIÁTICO: LOS CRÍMENES JAPONESES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL", Laurence Rees

Son muchas las particularidades que diferencian la sociedad japonesa del mundo occidental. Entre ellas, la mentalidad de no querer sobresalir por encima del resto, de salvaguardar el wa, como ellos llaman a la solidaridad del grupo a través del consenso y sin apartarse de las reglas, podría explicar en parte ese otro gusto distintivo suyo por el extremismo en múltiples facetas y que surge precisamente como reacción a tanta contención impuesta. En tal sentido, de la misma forma que no existe nada mejor para el veterano pornógrafo necesitado de experiencias más extremas que el asqueroso porno japonés, su escena musical supone el paraíso para aquellos fanáticos del glam rock a los que no les importe ver su estilo favorito llevado al límite de la parodia.

Sin embargo, en el ámbito militar, de cara a comprender mejor las razones que impulsaron el expansionismo japonés y, particularmente, la forma tan salvaje y cruel con que lo llevaron a cabo durante el período inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta que decenas de miles de ellos ardieran como teas con Little Boy en el verano más caluroso de su historia, es necesario referirse a otra serie de cuestiones que confluyen junto a las comentadas:

- Factores geográficos: Por su condición de isla, durante 1931, eran muchos los que, en las filas del ejército imperial, creían que la mejor manera de atenuar los problemas de Japón era haciéndose con el control de Manchuria, una tierra rica en todo aquello que la isla no poseía, principalmente, metros cuadrados y recursos naturales.

- Desengaño occidental: Las autoridades militares y políticas llegaron a la conclusión de que el hecho de haber abrazado la mentalidad de occidente durante los años veinte, les había procurado, además de una depresión económica, el contagio de lacras tales como la emancipación de la mujer, el sufragio universal y el comunismo.

No es una piñata de cumpleaños

- Supremacía racial: A los soldados se les inculcó la idea, bastantes  veces a culatazos, de que los chinos eran una especie infrahumana, hasta el punto de referirse a ellos como “chancorro”, seres inferiores que estaban al nivel de los insectos y debían por tanto ser exterminados.

- Hirohito Superstar: La figura del emperador se encontraba investida de propiedades divinas, potenciadas más aún durante un período caracterizado por la fragilidad nacional que requería no dar muestras de debilidad confirmando a su Ser Supremo como un gobernante a la antigua usanza al frente de una sociedad ultramoderna. Por muy errática que se revelase su actuación a lo largo de la contienda, sus prerrogativas en forma de demenciales tácticas militares y a favor de continuar absurdamente la guerra cuando la victoria era imposible fueron acatadas a pies juntillas porque, al fin y al cabo, los japoneses pertenecían al emperador. Eran sus hijos.

Hirohito, mejor dios que estratega militar

- Instrucción militar: La formación de los reclutas se endureció hasta extremos increíbles. En un ambiente en el que las palizas de todo tipo estaban a la orden del día (principalmente puñetazos, bastonazos de bambú o aplicando los tacones de las botas directamente en la cara del soldado) los malos tratos infringidos por los mandos superiores y los soldados más veteranos terminaron por institucionalizarse, lo cual contribuyó al embrutecimiento de la tropa.

- Ni un paso atrás: El militar japonés tenía prohibido rendirse. Ser apresado por el enemigo significaba una humillación que debía ser impedida con el suicidio si era necesario, de tal forma que muchos reservaron una granada para volarse en pedazos en última instancia. Esta práctica fue bastante habitual durante la guerra del Pacífico cuando, a medida que los americanos iban haciéndose con el control de las islas, los japoneses optaron por refugiarse en las cuevas y aplicar este curioso código de honor.

Morituri te salutant

Semejante cóctel de fondos y formas sentó las bases que cimentaron lo que se llegaría a conocer como el Holocausto Asiático. Un horror que se extendió por oriente durante más de una década y del que, pese a sus muchas similitudes ideológicas y criminales con la barbarie nazi, soviética o camboyana, caben destacarse originales aportaciones niponas a la inacabada lista de las atrocidades y tropelías cometidas por la raza humana en su camino a la podredumbre, como el gusto por el canibalismo enemigo en Nueva Guinea, la utilización por primera vez de mujeres chinas como prostitutas al servicio de la tropa con el beneplácito del estamento militar, la aniquilación de 300.000 civiles en Nankin ensartando con bayonetas a niños, mujeres y ancianos, los ataques de aviones kamikaze a portaaviones americanos o la utilización de armas biológicas en forma de bombardeos sobre China con ratas infectadas con la peste y otras toxinas.

1 comentario:

  1. ixai23:01

    Me he quedado con ganas de más, ya sabes: formas de ejecución, torturas... lo habitual.

    Por cierto, me gusta la nueva cabecera. Muy buena foto.

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