8 de septiembre de 2010

"COLONIA DIGNIDAD", José Maldavsky

Terminada la Segunda Guerra Mundial, Paul Schäefer, antiguo miembro de las juventudes hitlerianas y filántropo a su manera, decidió construir en Sieburg (Alemania) un hogar de acogida para viudas y huérfanos del conflicto. Sin embargo, un exceso de celo por su parte en el acogimiento de éstos últimos levantó sospechas pedófilas en torno a él y no tuvo más remedio que huir del país en 1961.

Establecido en Chile junto a los 300 ingenuos que marcharon  hasta allí con él fundó Colonía Dignidad en la zona de Parral. Los gobiernos locales del país, aún en vías de desarrollo, vieron con buenos ojos la llegada de toda esta masa de mano de obra altruísta empeñada en regenerar la comunidad, por lo que no se consideró oportuno desviar la mirada de los muros de las escuelas y los hospitales que se iban construyendo y posarla sobre las alambradas que cercaban el recinto, no digamos ya sobre los sensores infrarrojos que se ocultaban bajo las piedras del río que actuaba como frontera lateral del mismo para detectar cualquier posible intento de fuga.

Entrada al país de Nunca Jamás para niños, disidentes políticos y trabajadores de la comunidad

Con el paso del tiempo, la pederastia se le fue quedando pequeña a nuestro hombre. A medida que se sucedían las incorporaciones a la colonia de nuevos cargamentos de niños chilenos, ésta comenzó a servir también a modo de refugio para antiguos criminales nazis en el exilio. A continuación, los arsenales de armas, la producción de armas químicas o las torturas políticas que comenzaron tras la alianza de Colonia Dignidad con la dirección de inteligencia nacional de Pinochet tras el golpe de 1973 no fueron más que una evolución lógica en medio de la espléndida sinergia de perversidades que logró producir Schäefer en su feudo.

José María García

A pesar de la magnitud de los crímenes, Schäefer no fue procesado y condenado hasta el año 2006 gracias a la protección que le brindaban sus conexiones con políticos, jueces, policías y grandes empresarios del país, blindadas, en ocasiones, con  filmaciones pornográficas que ayudaban lo suyo a garantizar los silencios que el dinero no pudiese comprar. Expiró plácidamente a los 88 años el pasado abril, y dado que el infierno no existe, al resto del mundo no nos queda más remedio que consumirnos en la impotencia de no haber visto plasmado en la realidad el ajusticimiento salvaje más acorde que hayamos deseado para él.

1 comentario:

  1. Interesantísimo blog que seguiré de cerca. Enhorabuena.

    Un saludo desde Brevemente.

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